Esposas Infieles Cuento

Aquí encontrarás todo sobre Esposas Infieles Cuento. Mi hermosura de las mujeres maduras no es ningún secreto: todas entendemos que, tratándose de favorecer nuestro aspecto, no tenemos la posibilidad de dejarnos consistir exigentes.

Tiffany sugirió que podía hablar con la pareja con la que habían comenzado ; tenían experiencia y eran muy agradables. Si no funcionaba con ellos, no había inconveniente. Tiffany pensó que sería una gran idea almorzar con la esposa de la pareja para poder ver si me sentía cómodo comentando con ella. Le dije que tenía serias dudas sobre la iniciativa , pero acepté almorzar.

Nuestra búsqueda de aventuras sexuales continúa , pero puedo decir francamente que, con independencia de lo que hagamos, para mí nada superará nuestra experiencia de aquella noche.

Cerré la puerta del baño y me hundí en el suelo. No podía opinar lo que terminaba de ocurrir. ¡Era simplemente la cosa más cachonda, más rancia, mucho más sucia y más fabulosa que había experimentado jamás! ¡Y Victoria no se había quitado la ropa! Mi polla seguía fuera y me hallé pajeándome como un loco. Tras muy poco tiempo , ¡disparé la mayor carga de mi vida!

Esa noche, después de la cena, Bryan se acomodó para poder ver la televisión. Agarré la mano de Bryan diciéndole que quería ir a nuestra cama y follar. Tener sexo no era una palabra que usara muy de forma frecuente , conque Bryan supo que algo pasaba. Evidentemente , no discutió. Bryan me preguntó qué me había pasado mientras introducía su polla en mi húmedo coño. Le dije que se callara y me follase. Haciendo lo que le decían , Bryan me metió la poronga poco a poco más fuerte. Mi cuerpo se estremeció con el mejor orgasmo que había tenido en meses. Bryan no bajó el ritmo hasta el momento en que gruñó poderosamente , llenando mi coño con su semen.

Además de nuestros anfitriones, ni Victoria ni yo conocíamos a absolutamente nadie , por lo que la conversación fue un tanto obligada y, como resultado, ámbas decidimos dedicarnos a beber vino y disfrutar lo mejor posible. Bueno, tres botellas de Zinfandel después nos lo pasamos mucho mejor. Mi mujer, cuando se ha lubricado lo suficiente con el alcohol, se transforma invariablemente en el alma de cualquier fiesta , y de súbito se realizó amiga de todo el mundo. En tales circunstancias , siempre fué en especial habitual entre los hombres. Es lo que siempre describo como una mujer de hombres, en el sentido de que elige la compañía de los hombres a la de las mujeres, y conversa con ellos prácticamente de hombre a hombre, lo que semeja encantarles. Quisiera que se comprenda lo que estoy tratando de decir.

Estaba en la verdad sobre Bryan – estaba muy feliz. Pienso que se sintió un tanto decepcionado cuando le dije que el plan era solo una cena , nada más. Le dije que habíamos hablado de un trueque suave pero que no creía estar preparada para ello. Brian me aseguró que no haríamos nada con lo que me sintiese incómoda. Sé que las esperanzas de Bryan se dispararon cuando sus dedos encontraron mi coño chorreando tras nuestra conversación.

Tiffany sugirió que podía hablar con la pareja con la que habían empezado ; tenían experiencia y eran muy agradables. Si no funcionaba con ellos, no había inconveniente. Tiffany creyó que sería una buena idea almorzar con la esposa de la pareja para poder ver si me sentía cómodo comentando con ella. Le dije que tenía serias inquietudes sobre la idea , pero acepté almorzar.

Taylor nos recibió en la puerta, con una falda y una bonita blusa. No la ropa de trabajo conservadora que llevaba en la cena. Se encontraba sexy , pero no era una zorra. Taylor nos dio un abrazo y un beso en la mejilla. Llamó a Sam. Sam estrechó la mano de Bryan y después me dio un abrazo. Si bien el abrazo fue corto parecía muy incómodo entre nosotros. Sam le ofreció a Bryan una cerveza y se fueron a conocer la gruta del hombre de Sam, mientras que Taylor y yo preparábamos la cena.

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Tiffany era una amiga de la universidad que nos conocía a Bryan y a mí desde que éramos pareja. Hacía un par de meses que no la veía y me comentó mi pérdida de peso, diciéndome lo hot que me veía. Le dije que Bryan y yo habíamos estado realizando ejercicio y que me sentía realmente bien. Tiffany y yo siempre y en todo momento compartimos todo. Fue la primera persona a la que se lo conté en el momento en que perdí la virginidad. A lo largo del almuerzo se me escapó que me sentía aburrido de nuestra vida sexual. Tiffany me dedicó una sonrisa de asco pero no ha dicho nada. Tiffany llevaba casada el mismo tiempo que nosotros y me percaté de que se se encontraba guardando algo. La pinché en el transcurso de un rato y finalmente le supliqué que me contara su secreto.

Se encontraba a puntito de decir que no, pero mi cabeza ha dicho qué diablos. Me quité el kimono entre los aplausos de los chicos. Me aproximé a Bryan para darle una aceptable mirada, finalizando con un beso en los labios. Sam levantó los brazos en señal de qué ocurre con él. Bailé hacia Sam, dándole un espectáculo, agachándome para que tuviera una aceptable vista de mis lolas. Para sorpresa de todos, incluso la mía, me di la vuelta y me agaché , dándole una enorme vista de mi culo solamente cubierto. Luego me volví plantando mis labios en los de Sam. En el instante miré a Bryan, atemorizada por si acaso se enfadaba , pero se encontraba aplaudiendo.

Lo mismo dijo mi mujer, pero es posible que lo vuelva a llevar a cabo en algún momento. Con eso, ella se arregló el pelo y el vestido, le cogió la mano y le llevó por las escaleras de vuelta a la recepción.

Me gustó que las mujeres estuvieran siempre y en todo momento al mando. Acordamos que un óptimo comienzo sería ir a cenar con Taylor y su marido para que todos pudiéramos conocernos y no hubiese presión. Sería una aceptable forma de conocernos.

Taylor se levantó de un salto, quitándose sexymente el kimono. Pensé que a Bryan se le iban a salir los ojos. Me miró y le dije que se me veían las lolas , a lo que él negó con la cabeza. Sam se frotó los pezones mientras bailaba enfrente de él. Taylor, al igual que yo, acabó su baile con Sam con un beso. Taylor bailó hacia Bryan inclinándose a fin de que sus pezones estuviesen a la altura de sus ojos. Agarró las manos de Bryan y las llevó a sus pezones. Taylor miró hacia mí y ha dicho : Está bien, a Megan no le importará, ¿verdad, Megan?

¿Las mujeres maduras les encantan a los jóvenes?

En el final de nuestra charla , Tiffany mencionó la iniciativa de un trueque despacio. Explicó que con un intercambio despacio las dos parejas tendrían sexo con sus propios cónyuges en exactamente la misma habitación que otra pareja. Dijo que había oído que a ciertos les semeja una aceptable manera de iniciar o de ver si realmente desean realizar el trueque de parejas. En el momento en que le pregunté a Tiffany si ella y Greg estarían dispuestos , me mencionó que no era una gran idea. Si no funcionaba podría arruinar nuestra amistad.

Taylor se levantó de un salto, quitándose sexymente el kimono. Creí que a Bryan se le iban a salir los ojos. Me miró y le dije que se me veían las tetas , a eso que él negó con la cabeza. Sam se frotó los pezones mientras bailaba enfrente de él. Taylor, de la misma yo, acabó su baile con Sam con un beso. Taylor bailó hacia Bryan inclinándose para que sus pezones estuvieran a la altura de sus ojos. Agarró las manos de Bryan y las llevó a sus pezones. Taylor miró hacia mí y dijo : Está bien, a Megan no le importará, ¿verdad, Megan?

Le dije que, aunque se encontraba intensamente enamorada de Bryan, no podía evitar aceptar que sentía curiosidad por el sexo con otros hombres. Le dije que me sentía culpable en el momento en que miraba a un hombre y lo imaginaba desvisto.

Taylor nos anunció mientras bajábamos las escaleras. Las cabezas de los chicos se giraron y después se quedaron viendo. Los chicos nos aplaudieron y abuchearon. Tuve que admitir que me sentía hot ; el zumbido del vino ayudó. Taylor dio una vuelta, dejando entrever lo que llevaba debajo. Me miró y dijo que era mi turno.

De alguna manera , consiguió mantener la compostura, bueno, prácticamente , y la llevé a una mesa tranquila. Bastardo, susurró, ¿estuviste mirando todo el tiempo? Le conté precisamente lo que había pasado y, sobre todo , el fantástico efecto que había tenido en mí. Te amé más en ese momento de lo que jamás lo había hecho antes, le dije. Y es completamente cierto, nunca he popular un instante tan determinante en mi vida.